jueves, 30 de mayo de 2013

MARIA BARBANCHO







Por tus palabras te conocerán y por tus silencios te admirarán





               


                     EVA´S  de la A a la Z    


          Eva’s

Frascos de Vida



                                               
                                                         
Ilustración Art'disoni Silvia

Vanidad, el gran mal de la humanidad… Sí, la vanidad, la arrogancia, la soberbia, el creernos inmunes, superiores, diferentes... ¡Qué ilusos somos! Sí, ilusos, hombres y mujeres, todos en nuestro conjunto y también individualmente. Porque aunque, nos guste o no, formamos parte de un incontable, disparejo y diversificado grupo humano, lo cierto, es que somos unidades egoístas, nuestro mundo es único, exclusivo, unitario, propio…, gira en torno a ese micromundo que hemos creado para interpretar nuestro rol en el teatro de la vida hasta que cae el telón y acaba la obra, y no siempre, son aplausos los que acompañan esa despedida. O en su defecto, si los hay, son tan falsos, como los halagos, los cumplidos y las adulaciones con las que te obsequiaron entre bambalinas… Sólo los que contigo sudaron los ensayos, los que no te abandonaron cuando el desánimo te acometía, los que contigo el insomnio del miedo escénico padecieron entre tilas y charlas hasta la amanecida, los mismos que contigo sufrieron los nervios al estreno diario de tu vida, los que te aplaudían aunque la memoria te fallara y olvidaras el guión de ese día y recurrieras a la improvisación animada por sus sonrisas… Sólo esos nada más, te seguirán en tus éxitos y en tus fracasos, en tus risas y también en tus llantos… Los únicos que jamás se apartarán de tu lado. Sobre todo, cuanto tu micromundo se desmorona en tan solo medio segundo…
El lapso preciso, para que todo mi alrededor quedase suspendido en el tiempo: estancia, mobiliario, ubicación… Todo, absolutamente todo, se paralizó, se congeló, se momificó, exactamente igual que todo mi ser… No podía ser cierto. Simplemente, tenía que haber un error. Eso, no podía sucederme a mí. No, a mí, no… Pero las palabras de la doctora no dejaban lugar para la duda. En aquellos instantes de confusión, recuerdo una mano sobre mi hombro apretándolo afectuosamente. Era la enfermera, inyectándome una dosis de ánimo. Pero nada en el mundo, ni en el gran mundo, ni en mi micromundo, poseía el específico que más necesitaba, la pócima de la fe… Ni siquiera, cuando la doctora, mostrándome la mejor de sus sonrisas y con el tono más animoso de su voz, me dijo:
—No te desmoralices, ¿de acuerdo? Afortunadamente, hoy día, esto se cura…
Naturalmente, no la creí… No podía creerla. No tenía fuerzas para creerla. Y todo cuanto hice, fue levantarme y salir de la consulta, y recuerdo oír en la lejanía, las voces de la enfermera y la doctora preguntándome qué hacía y a dónde iba. No lo sabía ni yo… ¿Qué iba a decirles?
 Caminé, caminé y caminé durante horas. He olvidado las calles que recorrí, los parques en los que me senté, los rostros de la gente con la que me crucé… Mi horizonte más lejano se hallaba en el siguiente paso que daba, en el próximo adoquín que pisaba. Mi futuro se acababa de limitar al instante siguiente de mi vida, al microsegundo de cada inspiración, a la milésima en los intervalos del latido de mi corazón… Ahí, en ese santiamén, empezaba y finalizaba mi existencia.
Aún así, continué cometiendo errores… La soberbia se hizo fuerte en mí como la más firme e inexpugnable muralla de defensa, y callé como mi gran secreto, lo que desde el principio debí compartir. Caí en la más absoluta postración. Nada ni nadie me motivaba. Mi día a día, consistía en un monótono paseo del sofá a la cama y de la cama al sofá, y en ese invariable vagar, largos descansos frente al ventanal de mi dormitorio, contemplando el cielo, las estrellas, las nubes, la luna, el sol… Dejando que el día diera paso a la noche y que la noche de nuevo, abriera sus puertas a la luz del día… No recuerdo cuanto tiempo estuve así, aislada del mundo y de mi micromundo, vegetando más que viviendo, en un micromicromundo, creado para mí por mí y donde no había lugar para nadie más, tampoco, para mi esposo y mi hija… También los alejé de mí, los aislé de mi terrible secreto, de ese mal que me aquejaba, de esa enfermedad a la que yo siempre le tuve tanto miedo. ¿Semanas…? ¿Meses…? También lo olvidé. Y así quiero que continúe, enterrado en lo más hondo de mi olvido…

Todo cuanto recuerdo, es a mi hija entrando en mi dormitorio con unos frascos de cristal, sentarse junto a mí frente a la ventana y enseñarme los bonitos dibujos que los decoraban.
—¿Te gustan? —me preguntó—. Los he pintado yo…
—Son preciosos —respondí.
—Es que este año, mi clase participa en un mercadillo benéfico, donde se venderán estos frascos para ayudar a los niños con cáncer. Mi “seño” los ha llamado: Frascos de vida.
Aquella revelación de mi hija, fue como si un interruptor interior que había estado en OFF, de repente, se accionará en ON. Entendí, que la vida era mucho más que las cuatro paredes de mi dormitorio, la cama, el sofá y el ventanal… Que había dejado pasar demasiadas noches y demasiados días, y que no había disfrutado ni del resplandor del sol ni de la contemplación de la luna. Que me negué a luchar, a enfrentarme a la realidad, a plantarle cara a esta maldita enfermedad. Que mi vida era infinitamente mucho más: mi esposo, mi hija, mis padres, mi familia, mis amigos, la luz, la oscuridad, la lluvia y el viento, hasta los mares, las montañas y el mismísimo cielo. Mi vida era vivir y me había estado dejando morir.
¡Qué lección de entereza me dio mi hija!
Egoístamente, lo había concretado todo en el epicentro de mi dolor, ignorando, o mejor, olvidando, que existía más dolor en el gran mundo, que no era de mi exclusividad, y que otros, supuestamente más débiles, eran mucho más fuertes.
Salí de mi dormitorio, abandoné el exilio del silencio, afronté con valentía la batalla más dura de todas cuantas había librado y desde ese día, cada mañana, cuando en la puerta del colegio despido a mi hija, regreso a casa caminando, disfrutando del olor de la mañana, del saludo del vecino, del café con leche charlando con las amigas, del “Buenos días”  del barrendero, del ruido del motor del coche frente al semáforo, de los perros paseando junto a sus amos, del niño que llora en brazos de su madre, del abuelo que dormita sentado en el banco del parque… Y después, frente al ventanal, escuchando cada suspiro del silbido susurrante de las esquinas de mi habitación, pinto un frasco de cristal, un Frasco de Vida. Esa es mi mejor terapia… Cada frasco, representa un día más de mi vida, un paso adelante, una batalla más ganada. Cada día cumplo años y esos frascos son mi regalo…
Se me ha caído el pelo, ni cejas tengo… MI cuerpo tampoco es el mismo, ya no está “completo”. Y en las miradas de mi esposo y de mi hija, y también en las de mis padres y mis amigos, pese a que ya brilla la esperanza, sigo leyendo miedo. Miedo porque el mal no se ha ido del todo, miedo a que la enfermedad regrese de nuevo. Miedo a que me flaqueen las fuerzas, miedo a que me falle la confianza, miedo a que me venza el desespero. Sonríen, pero temen. Y es lógico que tengan miedo.

                        Pero yo he hecho una promesa, a mí y a ellos…
                        Prometí levantarme todos los días.
                        Prometí alzar la vista y sonreírle al cielo.

                                 Prometí que cada día, pintaría un frasco de vida.

                                                 

  


Autora: Maria Barbancho
 Ilustraciones:Art'disoni Silvia
Todos los derechos reservados.
Las imágenes están protegidas por la Ley de la Propiedad Intelectual, quedando prohibida toda copia o  reproducción.


miércoles, 29 de mayo de 2013

                                                             

Este viernes, 31 de mayo, comienza la 72 edición de la Feria del Libro de Madrid.El libro es la respuesta es el lema de este año en la Feria del Libro de Madrid y el cartel es obra del diseñador Juan Gatti. La Feria dura un total de 17 días durante los cuales se desarrollarán 228 actividades entre las que destacan encuentros con escritores, conferencias, cuentacuentos, talleres y espectáculos. Es el lugar idóneo de encuentro entre autores y sus lectores. Un momento especial para pasear por el  conocido Parque del Retiro Madrileño y conocer en persona a nuestros autores favoritos.

despropositos

              
 Entre ellos, se encuentran Javier Lillo y Juan José de Lanuza. Dos grandes autores y  excelentes personas, que en esta ocasión nos presentan su nuevo libro "Despropósitos de la comunicación humana", publicado por la Editorial Crealite en noviembre de 2012 y que con su corta vida, ya ha cosechado grandes éxitos de ventas.

Un libro nada común que con un lenguaje sencillo y desenfadado nos acerca al mundo de la comunicación. Los autores analizan y opinan con maestría sus despropósitos en diferentes ámbitos, ya sea la política, la publicidad o los medios de comunicación. Tratado desde dos puntos de vista, el lúdico, con un lenguaje cercano a todos,con ejemplos claros, el explicativo, aclarándonos  las bases de la comunicación y acompañado de  los fantásticos dibujos de Ubaldo Boyano, hace que sea un libro que no debe faltar en nuestra librería. 


  
 Podréis encontrarlos firmando ejemplares de su libro el día 1 de junio, de 13.00 a 15.00 h, en la caseta 44, Latorre literaria. Es una oportunidad única para charlar con ellos y llevaros un ejemplar firmado por ambos.

Yo no voy a perdérmelo.

                                                                                               Marisa Garrido





Lugar: Parque de El Retiro 
Fecha: Del 31 mayo al 16 junio de 2013
Nuevo horario:
    Lunes a Viernes: de 11:00 a 14:00 y de 18:00 a 21:30
    Sábados, Domingos y Festivos: de 11:00 a 15:00 y de 17:00 a 21:30


jueves, 23 de mayo de 2013

MARIA BARBANCHO







Por tus palabras te conocerán y por tus silencios te admirarán





               


                     EVA´S  de la A a la Z    



          Eva’s


Escribiendo tus sueños…




Ilustración Art'disoni Silvia


¿Cuándo soñamos…? ¿Cuándo nos abraza el sueño, o cuándo abrimos los ojos y despertamos? Ó, ¿acaso, siempre soñamos…? ¿Soñamos cuándo dormimos y cuándo despiertos caminamos?
Ó, ¿no es la vida un sueño?
Un sueño donde escribo nuestra historia mientras te dibujo con mis párpados y perfilo tus formas con mis pestañas. Porque yo soy una poetisa de sueños, yo soy quién escribe tus sueños. Yo soy quién te imagina imaginándome como yo te imagino a ti, enredado entre mis brazos, atrapada tu boca entre mis labios, encadenados el uno al otro mientras nos amamos y nos gozamos, aspirando nuestro sudor apasionado, lamiendo nuestros cuerpos excitados, sintiéndonos uno solo en nuestro Universo propio, en nuestro Firmamento inventado. Yo soy quién escribe tus sueños, quién los dibuja en un lienzo de musas y duendes, esos sueños que de noche y de día ocupan mi pensamiento. Esos sueños donde de ti me he enamorado. Esos sueños, en los que tú me has enamorado.
Ó, tal vez, ¿es que sin saberlo siempre estuve enamorada de ti?
No lo sé, lo ignoro, es posible que sí. No hay nada más desconocido ni más misterioso que el corazón de una mujer, incluso, para la propia mujer, pues en ocasiones, confundimos odio con amor, rechazo con atracción, indiferencia con orgullo…, y en ocasiones, en muchas ocasiones, se nos pasa la vida sin averiguar si aquel odio en realidad fue amor, si el rechazo una irresistible atracción y la indiferencia simplemente el estúpido orgullo de la juventud.
Pero, en otras ocasiones, cuando menos te lo esperas, la Vida te hace una jugada maestra, te hace un quiebro de capote, un rápido juego de manos con el que no cuentas y el único refugio que hallas son tus sueños, tus momentos de ensoñación dónde sin saber por qué, él toma presencia, dónde él se apropia de tus quimeras, llenando tu vida de colores, de aromas, de sensaciones…
Porque cuando escribo tus sueños, te siento, te noto, te huelo… Cuando te dibujo en sueños, te tengo, eres mío. Sólo cuando te dibujo en sueños. Porque cuando abro los ojos, cuando despierto, ya no eres mío, eres de otra, eres de ella, eres de tu esposa. Es ella quién te enreda entre sus brazos, ella es quién atrapa tu boca en sus labios, ella es quién se encadena a ti mientras te ama y te goza… Ella, es quién aspira tu sudor apasionado, ella es quién lame tu cuerpo excitado, ella es la que se siente solo tuya en vuestro Universo propio, en ese Firmamento vuestro que para mí he deseado… Ser yo ella y que fuese ella quién soñara, quién escribiera tus sueños, quién te dibujara mientras te soñaba. Y ser yo quién se enreda entre tus brazos, yo la que atrapa tu boca entre mis labios, yo la que se encadena a ti para amarte y gozarte, yo la que aspira tu sudor apasionado y lame tu cuerpo excitado y me siento sólo tuya en nuestro Universo propio, en nuestro Firmamento inventado, donde ya no escribo tus sueños y tampoco te dibujo en sueños… Ahora somos los dos el sueño, tú y yo, los dos somos el relato, los dos somos el dibujo, la ilustración de este amor que en sueños en mí ha despertado, una lámina blanca con un hombre y una mujer desnudos, entrelazados sus cuerpos, encadenados sus labios, sudorosos por el fuego de la pasión, amándose entregados.
Pero, de momento, sólo soy poetisa de sueños. Por ahora, sólo sigo escribiendo tus sueños, continúo dibujándote en sueños.      
Imaginando que tú también escribes mis sueños, que tú me dibujas en sueños, que me imaginas como yo te imagino a ti, enredado entre mis brazos, atrapada tu boca entre mis labios… Escribiendo nuestra historia de amor… Dibujando nuestro sueño. 




Autora: Maria Barbancho
 Ilustraciones:Art'disoni Silvia
Todos los derechos reservados.
Las imágenes están protegidas por la Ley de la Propiedad Intelectual, quedando prohibida toda copia o reproducción
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miércoles, 22 de mayo de 2013

Mi rincón en Elche



Hace un año que supe de la existencia de la comisión de fiestas Puertas Tahúllas de Elche. Conocí a su gente y tuve el honor de colaborar con ellos en la imposición de bandas de reinas y damas. Meses atrás, Pedro Antón, su presidente, me propuso dicha colaboración, que acepté encantada. Fue un trabajo muy grato, con momentos inolvidables y personas que ya forman parte de mi vida. 
Este año, diversos inconvenientes hicieron que no pudiese asistir a la imposición. Pero mi ausencia fue solo física, porque ese viernes estuve en el recinto festero de Puertas Tahullas, sintiendo su ilusión, sus nervios, sus sonrisas y seguro que alguna lágrima. Este es mi homenaje para ellos,  que quiero compartir con todos los que os asoméis por el blog. El discurso de Andrea García Ceva , la reina del año 2012 y el relato que escribí para ellos, que debía leer en el acto y que tuvo  voz  a través de un miembro de la comisión. 
Gracias por haberme regalado un rinconcito en vuestra comisión y en vuestra ciudad, que prometo no tardaré en visitar de nuevo.



Andrea García Ceva. Reina de la Comisión de fiestas Puertas Tahullas, 2012.


Hace un año empecé una nueva etapa en mi vida, una experiencia inolvidable, que me dio la oportunidad de conocer a gente nueva y vivir las fiestas, sobre todo las patronales, desde un punto de vista privilegiado.
Todo empezó un viernes 11 de febrero de 2012, el cual, hizo que mi vida diera un giro de 180º gracias a Pedro, mi presidente, que me dijo si quería formar parte de un mundo, el cual, desconocía y convertirme en la reina de Puertas Tahullas, un cargo que no sólo estaba lleno de responsabilidades, si no de sentimientos y experiencias, que me han hecho crecer y madurar como persona.
Entré  completamente a ciegas, sin conocimiento alguno de cómo funcionaba una comisión, la importancia de llevar puesto el traje de festera y los preparativos de imposiciones, festivales y fiestas. Poco a poco he ido conociendo cada detalle de todo lo que hace posible una comisión y ahora me arrepiento de no haberla descubierto antes. Somos una gran familia, donde estamos pendientes de que no falte ningún detalle y donde todos somos importantes, pues si falta alguien ya nada es lo mismo. Todos los que forman parte de esta comisión son como mi segunda familia, pues siempre han estado pendientes de mí, de mi estado de ánimo, de que disfrutara de cada acto, ya que era único, y de que me sintiera como una auténtica reina y os aseguro que lo habéis conseguido.
He vivido todos los actos donde he tenido que asistir de una forma muy especial y los he vivido con mi mayor ilusión, a pesar de tener un mal día. Eran actos donde no sabía nada, pero con la ayuda de todos, han hecho que aprenda de cada uno de ellos y que hayan sido los mejores momentos que he pasado. Una de las tantas experiencias que he vivido fue conocer hace un año a una escritora, Marisa Garrido,  en este mismo recinto. A partir de ese momento fue una persona importante para mí. Entré a este mundo festero al mismo tiempo que ella, a ciegas, pues no conocíamos nada y eso nos ha unido mucho. Gracias por todo.
 Y como no, las fiestas de Elche, las cuales siempre las he vivido pero de espectadora y este año han sido muy especiales y diferentes, pues durante una semana las he conocido desde dentro, sin dormir o dormir lo justo, pasar todo el día en el recinto festero de mi comisión y haber podido hacer la ofrenda de flores a la Patrona de Elche aquel 14 de agosto con la emoción propia de haber podido escuchar mi nombre al entrar en la Plaza de Santa María.
Y dar las gracias a las 5 personas que han compartido conmigo este magnífico año, porque sin ellas no habría sido posible. Mis dos damas infantiles, Andrea y Teresa, que siempre han estado ahí para sacarme una sonrisa. Mis dos damas mayores Mª Carmen y Fanny, que empezamos siendo unas desconocidas, pero en este año nos hemos ido conociendo poco a poco. Hemos pasado momentos muy buenos y no tan buenos, pero yo siempre me voy a quedar con los mejores momentos y con lo mejor de cada una, que gracias a vosotras he aprendido algo nuevo.
Y como no, mi reina infantil, Rosanna, que sin ella no habría sido lo mismo, hemos vivido cada acto juntas, y sin ella no podría haberlos vivido así. No es una compañera de reinado, es mucho más, una amiga, una hermana. Siempre con una sonrisa para mí, sea la hora que sea y donde sea. Gracias por todos los muy buenos momentos que he pasado junto a ti y por todos los que aún nos quedan por vivir.
Y también darles las gracias a mis compañeras de las otras comisiones. Ya hemos empezado las rondas de las despedidas, de las cuales, vamos a pasar una por una, pero siempre recordando los muy buenos momentos que hemos pasado juntas y los que todavía nos quedan por pasar. Me llevo un trocito de cada una conmigo, porque ha sido un buen año con todas vosotras y que no se volverá a repetir.
Y como no, darles las gracias a toda mi familia y amigas, que me han apoyado y han acudido a todos los actos que han podido, aguantando los madrugones, las noches en vela y alguna que otra vez, mi mal humor.
Todas las historias tienen un final, hasta todos los finales felices terminan con un fin. Hoy ha llegado ese momento para mí y dar las gracias sería una bonita manera de acabar. Espero no haber defraudado a mi comisión, ya que todo lo he hecho como creía que era mejor. No es un adiós es un hasta luego, pues participaré durante muchos años en esta comisión. Aquí después de más de 60 actos, acaba mi magnífica experiencia, donde hace un año, en este mismo escenario, me impusieron la banda de Reina Mayor de la Comisión de Fiestas Puertas Tahullas.
Muchas gracias y que sigan disfrutando de la velada.







IMPOSICIÓN DE BANDAS PUERTAS TAHULLAS

Me encontraba muy sola. No me separaba de mi teléfono móvil. Hablaba constantemente con mi familia, con mis amigos y  mi novio. Sólo deseaba que los meses pasaran rápido y volver a mi ciudad. Además sentía mucho calor, me asfixiaba y había comenzado a desarrollar  algún tipo de alergia. Aún no había empezado a trabajar en mi nueva empresa y me dediqué a visitar la ciudad. Me habían hablado tanto de su palmeral, de sus calles, de sus gentes… Y sí. Era precioso, un lugar maravilloso  que descubrir. Unas calles que hablaban de historia. Gente que sonreía y paseaba disfrutando de ese calor que a mí me asfixiaba. Pero yo sólo deseaba empezar a trabajar y que el tiempo pasase rápido para volver a Madrid.
Y un sábado encontré ese lugar.  Algunas personas se agrupaban en un local. Se divertían y degustaban un dulce. Yo pasé rápido llenándome de ese olor y me llamaron. No les presté atención, pero insistieron.  Y probé su bizcocho, sus guisos, su arroz con costra, sus delicias de Elche… Su cariño y su corazón. Y supe sus nombres,  Diego, Susi, Yolanda, Paco, Juani,Juan, Rossi,Maite, Carlos, Cristina y Pedro… Y  conocí a sus damas y reinas, las que habían terminado felices su reinado, las que disfrutaban de ese mágico año,  y las que serían elegidas para hacerlo.
Desde entonces todos los sábados, domingos y cualquier día que podía permitírmelo, visitaba su local. Un lugar y barrio que hice mi casa, unos momentos que deseaba siempre llegasen, con sus fiestas, actuaciones y sonrisas. Una comisión de fiestas, la de Puertas Tahúllas, y  que con mis días en esta ciudad, supe que existían  muchas más. Todas con un soplo de vida, una luz  y alegría que me maravillaba.
Pero los meses pasaron. Mi trabajo había terminado y mi ciudad me esperaba. No lloré al marcharme. ¿Cómo podría hacerlo?  Si me llevaba sonrisas, fiestas, cariño, amistades y amor. Si sabía que Elche sería por siempre mi ciudad. Donde ya no sentiría ese asfixiante calor, ni alergia alguna y nunca volvería a sentirme sola.
Y hoy estoy de nuevo en esta ciudad, en esta maravillosa fiesta de la imposición de bandas de Puertas Tahúllas.
 Descubrí que hay dos sillas vacías. Sillas que debían ocupar María y Paquito.   Dos personas maravillosas de esta comisión. Pero solo son eso, sillas. Porque ellos estarán siempre con vosotros, con su dulzura, su amor y regalándoos una sonrisa y el deseo de que Puertas Tahúllas siga con la misma ilusión de siempre. 
 Y yo os pido lo mismo, una gran sonrisa y  aplauso para ellos.
  Y que hará  todavía más, que cada sábado, domingo y cualquier momento que pueda permitírmelo vuelva a visitar su local y vuestra ciudad.
                                                                          

Marisa Garrido









jueves, 16 de mayo de 2013

 
 
 
MARIA BARBANCHO
 
 
 
 
 
 
 
 
Por tus palabras te conocerán y por tus silencios te admirarán




 
EVA´S  de la A a la Z      





 
 
 

 
Ilustración Art'disoni Silvia
 
 
 
     Eva’s

 

 
Dama Luna




 

Todos en el pueblo echamos de menos a Dama Luna…
Alzamos la vista al pequeño ventanuco de la buhardilla de su casa y no vemos su rostro tras el cristal, con los ojos fijos en el cielo, con la sonrisa permanente en los labios…
Ya no está entre nosotros Dama Luna… Se marchó hace mucho tiempo, el mismo que ha plateado los cabellos de su esposo, el mismo que también ha surcado de arrugas su rostro. El tiempo, que inexorable nos arrastra tarde o temprano a todos. Bueno, a todos no… A Dama Luna no. Con ella no pudo. Ella se fue cuando quiso, fue su elección. Como los toreros a los toros, le hizo un quiebro al tiempo, lo toreó con maestría y salero. Sucedió una noche de luna llena y un cielo cubierto con un lienzo de estrellas. Pero no corramos en el relato, caminemos despacio sobre él y dejad que os cuente la historia de Dama Luna, que os narre quién era ella…
Fue una niña diferente a sus hermanas, diferente a las demás… No en lo físico: ni más alta ni más baja; ni más fea ni más guapa; ni más gorda ni más flaca; ni más lista ni más tonta… Lo que a ella la hacía diferente, era su interior, su espiritualidad, su ternura para con los demás, su sensibilidad para con los más vulnerables, tal vez, porque ella también lo era; su generosidad en todo cuánto hacía, su eterna gratitud a la vida por muy mal que le fueran las cosas… Y le fueron mal porque no fue feliz. Y no fue feliz, porque nadie supo entenderla, nadie supo ni quiso saber qué palpitaba en su corazón, qué celaba su alma, qué velaban sus silencios. No quisieron o no supieron ver, que ella era un espíritu libre, necesitado de volar lejos, de perderse en el infinito para buscar su libertad. Y sin ser conscientes de ello, le cortaron las alas y la encerraron en una jaula. Una jaula, decían los suyos cuando en alguna ocasión ella se quejaba, de barrotes de oro, así, que no se explicaban, a cuento de qué se lamentaba.
Y sin perder la sonrisa, pues la tristeza no formaba parte de ella, se fue apagando un poquito cada día.
Se hizo mujer y se casó. También fue madre de dos hijos varones, el orgullo del padre. Pero a ella nadie prestó atención, dieron por hecho que era feliz, que lo tenía todo para serlo. ¡Qué cierto aquello de que, no hay peor ciego que el que no quiere ver! Y los suyos, todos, siempre estuvieron ciegos. Lástima que recuperaran la visión cuando fue demasiado tarde para ellos.
Solamente se la veía feliz asomada tras el ventanuco de la buhardilla de la vieja casa de sus padres que después fue de ella, su marido y sus hijos. Allí, pegada al vidrio, fuese invierno o verano, cada noche, fijaba su mirada en el firmamento y sonreía… Sonreía siempre, constantemente, sin cansarse. Sonreía como si alguien desde el cielo, un trovador celestial, le susurrase al oído tiernas palabras de amor, le recitase un bello poema, o le cantase una linda serenata. Su rostro se mostraba relajado, plácido, sereno, con una felicidad tan exultante, que la oscuridad de la húmeda buhardilla se llenaba de luz, se iluminaba como si allí no existiese la noche, como si allí sólo existiera el día. 
Disculpad, ¿me habéis preguntado su nombre?
Lamento no poder complacer vuestros deseos. Pero es que yo no la conocí, y quiénes tuvieron la suerte de conocerla, olvidaron su nombre, recordándola tan solo por Dama Luna, que era como todos la llamaban. El nombre con la que la bautizaron por esa “extraña manía” de asomarse todas las noches del año al ventanuco de la buhardilla. Todas las noches de todos los años de su vida.
Pero algunos cuentan más… Son los que dicen conocer de “buena tinta” el misterio de su marcha, el “secreto” de semejante enigma.
Por lo visto no se fue sola. Lo hizo acompañada del “misterioso” hombre que en algunas noches de luna llena y cielo estrellado, la visitaba de manera clandestina, a espaldas de su esposo, de sus hijos, de los vecinos y de las amigas. Nunca nadie vio su rostro, pero por lo que decían, era un varón de alta estatura, porte gallardo y cabellos largos hasta los hombros… Unos cabellos, afirmaban los que juraron haberlo visto, de un dorado tan intenso, que la noche, allí, en el jardín de la casa de Dama Luna, al igual que en la húmeda buhardilla, también se tornaba día. Tampoco les vieron hablar entre ellos jamás, eso era lo extraño… Sólo se miraban y sonreían, como si se comunicasen con sus ojos, como si las palabras que se decían las escribiesen el ardor de sus pupilas. Ellos no necesitaban palabras. Les bastaba entrelazarse las manos, sus miradas y sus sonrisas. Con eso se lo decían todo, expresaban sin miedos ni vergüenzas lo que sus almas sentían. Y así, una noche y otra, cada vez que se repetía la “clandestina visita”  del “misterioso”  hombre de cabellos dorados como el sol, un hombre cuyos ropajes también refulgían, pues vestía con un sorprendente buzo plateado, sorprendente por lo extraño, ya que nadie en su sano juicio se vestiría con atuendo tan raro.
Hasta que una noche, tuvo lugar un suceso inaudito, excepcional, inexplicable y extraordinario, que aquellos que lo contemplaron, decidieron creer que fue un sueño, que en efecto, lo que vieron lo habían soñado. Prefirieron inventarse el olvido, eligieron borrarlo de sus recuerdos, de sus sueños y de sus miedos. No volver a hablar de ello y así acabar enterrándolo. Pero el olvido se quedó sólo en ellos, imponiéndose el recuerdo de aquel fascinante suceso acaecido hace ya mucho tiempo, el mismo tiempo que ha plateado los cabellos de su esposo, el mismo que también ha surcado de arrugas su rostro.
La vieron salir al jardín, sentarse en el banco de piedra y esperar a su “misterioso” caballero. Éste apareció de la nada, nadie pudo explicar cómo llegó ni por dónde asomó. La miró como siempre, sonriendo, tomó su mano y Dama Luna le siguió. Caminaron unos pasos asidos de la mano, acariciándose con la mirada y sin dejar de sonreír. Se detuvieron bajo el olivo del jardín, alzaron sus ojos al cielo y simplemente, esperaron. De repente, un fuerte viento despertó de la nada y una gigantesca bola de luz descendió del firmamento descansando sobre el césped del jardín. Entonces, todo se sumió en la oscuridad y en un silencio que podía oírse, y que sólo rompió el sonido metálico y silbante de aquella insólita nave desconocida cuya forma y luminiscencia recordaba a una descomunal esfera centelleante, cuando empezó a elevarse de nuevo portando en una rampa móvil que desaparecía en su interior a media que ascendía, a Dama Luna y a su “misterioso”  caballero. Y antes de que los pocos testigos pudieran ni tan sólo parpadear, la “extraña”  nave desapareció en el firmamento estelar, confundiéndose con el lienzo de estrellas, y con el asombroso y prodigioso resplandor que aquella enigmática noche irradiaba la luna llena.
Esta historia pasó hace mucho tiempo, el mismo tiempo que ha plateado los cabellos de su esposo, el mismo que también ha surcado de arrugas su rostro. El tiempo, que inexorable nos arrastra tarde o temprano a todos. Bueno, a todos no… A Dama Luna no. Con ella no pudo. Ella se fue cuando quiso, fue su elección. Como los toreros a los toros, le hizo un quiebro al tiempo, lo toreó con maestría y salero. Sucedió una noche de luna llena y un cielo cubierto con un lienzo de estrellas…
 
Autora: Maria Barbancho
 Ilustraciones:Art'disoni Silvia
Todos los derechos reservados.
Las imágenes están protegidas por la Ley de la Propiedad Intelectual, quedando prohibida toda copia o reproducción
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jueves, 9 de mayo de 2013

MARIA BARBANCHO
 
 
 
 
Por tus palabras te conocerán y por tus silencios te admirarán




 
EVA´S  de la A a la Z      




Eva’s




Ilustración Art'disoni Silvia






Castigo


¡Dios…! ¡Qué castigo! Todas las mañanas de todos los días de cada seis meses de mi vida he de padecer el castigo de soportarla…

 Algunos me dicen que soy afortunada, que en los tiempos que corren, con la que está cayendo, tener trabajo es lo más parecido a que te toque la lotería… Y parte de razón tienen, como no… Porque en verdad, aunque mi trabajo no sea precisamente la panacea en la que desarrollarme como persona y mujer, tampoco es excesivamente laborioso ni pesado… Incluso el horario me gusta: de 06:00 horas de la mañana a las 14:00 horas del mediodía de lunes a viernes. Y no es ni mi trabajo, ni el horario, ni mis compañeros y compañeras, es sólo y exclusivamente ella, la que como castigo caído del cielo sobre mí he de sufrir en mis carnes durante 8 horas diarias mes a mes mientras consumo el periodo de mi contrato laboral. Un contrato laboral, por cierto, del que habría mucho que hablar, porque después de 10 años prestando mis servicios a esta empresa, creo haberme merecido formar parte de la plantilla fija y no pasarme seis meses del año trabajando y otros seis viviendo del subsidio del paro… Pero, en fin…, esa es otra cuestión.  

Ella…, ella, esa mujer sin alma y carente de cualquier atisbo de sensibilidad o empatía por el prójimo, carencia que se acentúa de manera escandalosa y exacerbada hacia las que pertenecemos a su mismo género, es la cuestión de mi rabia, de mi ira, de mi impotencia…, y también de mi dolor, porque yo, he sido de las que además de su desprecio, su despotismo y su prepotencia, he sufrido el mayor de todos los descréditos que un ser humano puede soportar: la humillación pública provocada, alentada y disfrutada… El mayor goce de esta mujer, es contemplar como su víctima desaparece amedrentada por el poder que su cargo le otorga, mientras la hostiga sin piedad, regocijándose en ese temor irremediable que sabe provoca y con la certeza de poseer en sus manos, la frágil seguridad de ese trabajo temporal que si lo desea, ella te puede arrebatar.

Por eso no puedo imaginármela amando a sus hijos, a su esposo… Alguien que no entiende que tú también eres madre, que tú también tienes hijos… Y que éstos enferman, tienen fiebre y necesitan de tus mimos. Y que ni tu hermana, tu madre o tu vecina, por mucho amor y entrega que pongan, son las que ellos esperan encontrar sujetando su mano y sentada a su lado cuando van al médico, a la reunión con la directora del colegio o la profesora de dibujo, o cuando tras marcar su primer gol o hacer su primera pirueta como bailarina, quieren hallar en su mirada encendida de alegría… Ellos buscan a sus mamás junto a sus papás, y son casi siempre los abuelos, o aquellos vecinos a los que por cercanía y trato llaman “titos”, los que en las gradas, aplauden y vitorean sus éxitos…

Tampoco me la imagino amando a su esposo… Entregándose con pasión… No. Alguien tan adusto, tan frío como un témpano de hielo, que nada le perturba, que nada parece, no, que nada le afecta… Alguien que desconoce la palabra compasión, alguien que disfruta provocando dolor… Alguien así no puede amar con el corazón.

Es fría, es calculadora… Y también es perversa y cruel… Y todo cuanto ha conseguido, no ha sido respeto, ha sido miedo. No tiene amigos, no verdaderos. Están los pelotas, los chivatos, los que ilusos creen, que convirtiéndose en sus siervos, obtendrán algo distinto a lo que le da al resto, cuando lo único que consiguen, es ganarse más rápidamente su desprecio y que les muestra una vez se ha servido de ellos.

Cuentan que su marido le engaña, que lleva años viéndose con otra mujer de la localidad… No me extraña, pues dicen que con él también es un hueso.

¿Y de sus hijos…? De los tres, solo se habla con el pequeño. Las hijas mayores, las gemelas, los del pueblo ya no recordamos cuando fue la última vez que las vimos por aquí. El hijo menor, el único que por Navidades la visita, y digo bien, la visita, pues el encuentro apenas dura un par de horas, mantiene con ella la relación más por pena que por amor.

¿Si tiene más familia?... Viviendo en una localidad más pueblo que ciudad, las versiones varían, aunque lo cierto, es jamás se le ha oído hablar ni de padres, hermanos, sobrinos o cuñados, y tampoco que se sepa, los que su casa han visitado, han visto fotografías.

Ella es mi castigo durante 8 horas de lunes a viernes durante seis meses cada año de mi vida. Sí, es mi castigo. Un castigo que he aprendido a sobrellevar y que olvido cuando al cruzar el umbral de mi casa estrecho entre mis brazos a mi hija.

En cambio, el castigo de ella es eterno, perpetuo, interminable…

Su castigo es estar sola…

Su castigo es que no la quiera nadie.
 
 

 
 
Autora: Maria Barbancho
Ilustraciones:Art'disoni Silvia
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