lunes, 20 de enero de 2014

NO MAS





Llevaba días extraño,  especialmente raro…  Más raro que estos meses atrás. Aún no me había acostumbrado a ser el amo de casa, aún no había sido capaz de entender el por qué de mi despido. Los pensamientos seguían revoloteando en mi cabeza y eran tan variados y dispares que en el silencio de mis mañanas me gritaba frente al espejo suplicándome calma. Veinte años trabajando en mi empresa. Sí, en mi empresa, porque la consideraba mía, de la familia, donde era imprescindible, mis compañeros, hermanos y mis jefes, amigos. –Rodrigo- tú aquí hasta la muerte- me decían siempre. Y un lunes, 8.00hrs de la mañana, antes de ocupar mi lugar, antes de saludar a mis compañeros, con solo dos pasos dentro de la fábrica, una palmada me obligaba a visitar la oficina de mi jefe. –No es nada personal, habrás comprobado que las cosas no andan muy bien, lo sentimos mucho, más de lo que imaginas, pero tenemos que prescindir de ti. No te preocupes, recibirás todo lo que te corresponde y no dudes que si hay luz algún día volveremos a contar contigo. Y ¿Qué debía hacer? ¿Darle una palmadita a él también?, ¿Darle las gracias por darme lo trabajado durante años? ¿A qué luz se refería? No éramos ciegos ni inmunes antes el desastre que vivíamos en el país, pero también sabíamos que nuestro trabajo estaba sano y que no correríamos la misma mala suerte que otros miles de españoles. Yo sí la tuve. Supe que había sido sustituido, pero mis compañeros hermanos nunca me dijeron por qué. Tampoco quise indagar, enseguida comprendí que la palabra hermano era muy grande y más si la aplicabas a unos compañeros de trabajo, y tampoco tenía muy claro si calificarles de compañeros y llegó un día en que ya no tenía adjetivos para ellos.
Ese día me había levantado más temprano de lo acostumbrado, las sábanas me molestaban y deseaba que la luz inundase  las rendijas de la persiana de mi habitación. Teresa dormía aún  y me esmeré en prepararle un rico desayuno, tostadas con mermelada de albaricoque y café oscuro con tres cucharadas de azúcar, a mis niños, cacao suave y magdalenas, dos para cada uno. Todos se merecían los mayores mimos y cuidados. Teresa tenía la fortuna de mantener su puesto de trabajo y nunca, en estos meses  había hecho ningún comentario inoportuno en relación a mi asunto y  Andrés y Jorge comprendían que su papá  no tenía empleo y que mientras lo encontraba se ocuparía de los quehaceres del hogar.
Una hora después de marcharse Teresa, atavié a mis hijos y les acerqué al colegio en el coche. Me costó que arrancase, en los últimos meses parecía más un vehículo de carne  de desguace que un utilitario familiar. Muchos lugares a los que poder ir pero ningún recurso para hacerlo. Tan solo, algún paseo al centro comercial, tarde fantástica de golosos escaparates, y las obligadas visitas cada tres meses a Inem, Darde ó Paro.
Me costó entrar, más que nunca. Me sentía extraño, avergonzado. Doce meses cobrando la prestación, imaginé qué pensaría el funcionario que sellaría mi carnet y que tendría que darme el último. Doce meses de angustia, descontando cada día que no tuviese noticia alguna de empleo. Y él mirándome con semblante neutro, como uno más, un número de DNI en el ordenador, un sello y un adiós. Le envidiaba,  su frialdad, su horario matinal, su seguridad laboral, y aún así quejándose y yo cincuenta y seis años, veinticinco, empleado en el mismo lugar y uno en el de la mayoría de  los españoles, experto en búsqueda de empleo vía internet  y espectador obligado de serios rostros comentando “No necesitamos a nadie, la cosa está muy mal…”  Y me lo decía a mí, claro que sabía que la situación era penosa, triste, horrible, desesperante. Ya no sabía a dónde acudir, me había cansado de suplicar a conocidos, familia y amigos que comentasen en su círculo, que podía hacer cualquier cosa. Ya podía hacer cualquier cosa. Necesitaba trabajar. Había conocido de pleno las tareas del hogar y comprendido el gran esfuerzo que supone mantenerlo y me juré que cuando encontrase un empleo compartiría esos trabajos con mi esposa, pero yo necesitaba más. 

Quería verme útil.                 

Ya en mi coche respiré. Había sido una tortura recibir  el nuevo carnet del paro. Un año de ayuda más y pocos meses para encontrar un empleo. Sino ¿Qué haría? ¿Cómo subsistiríamos? ¿Sería capaz de robar como tantos lo hacían? ¿Me quedaría sin mi casa? Sentí mi respirar acelerado, arranqué el coche, deseaba llegar a mi casa. Intenté apartar los pensamientos y pensar en la comida que haría para mis niños.
El cruce era visible pero el stop se nubló para el conductor del coche. Miré asustado, sólo eran segundos, si aceleraba podría salvar  su impacto 
¿Y si no? Tal vez recibiría una cuantiosa indemnización  y una paga para siempre ó tal vez encontraría la muerte ¿Y si era lo mejor? Continué con la misma velocidad. Y solo cerré los ojos. 
                                     
                                                                                     ©Marisa Garrido


domingo, 17 de noviembre de 2013

NUEVA NOVELA DE JAVIER LILLO


¡Javier Lillo nos presenta su nuevo libro!. Experto en coaching, especialista en Criminología, colaborador en varios programas televisivos, y autor de conocidos artículos en varios medios de comunicación, como "Eglobalpress", "Planeta 28" o "Bulevard" entre otros. 





Autor de libros como, "El cuerpo habla: interpretación de gestos y posturas" (Editorial Crealite 2010), Interrogatorio, junto a Juan José de Lanuza,(Difusión Jurídica) y "Despropósitos de la comunicación humana" (Editorial Crealite 2012), también acompañado de Juan José, nos descubre en esta ocasión su lado más detectivesco. 





Haciendo acopio de sus conocimientos en Criminología, nos presenta la novela "Apherton, grupo de investigación" (Eride ediciones). En ella, sus protagonistas, se verán envueltos en situaciones que tendrá que resolver, poniendo en ellas, todos sus conocimientos en esas artes.




La novela será presentada el próximo día 23 de noviembre, en la Livrería, calle Martinez Izquierdo, nº 9 de Madrid.

Desde aquí, Javier, te deseamos muchos éxitos para ese día y para esta novela, que tiene mucho que descubrirnos.

                                                             Marisa Garrido


NOVEDADES DE LA EDITORIAL CREALITE






La editorial Crealite, fiel a su deseo de ofrecer al público obras de calidad, acaba de engrosar su lista de libros publicados, con dos de gran interés.
El más reciente, publicado hace escasos días, es "Agata muriendo". Una novela con un tema asombroso, con toques sensuales y situaciones imprevistas que harán que el lector quede fascinado desde el primer capítulo.





Su autora, Dora Pavel, es miembro de la Unión de Escritores de Rumanía y de la Unión de Periodistas Profesionales de la misma ciudad. Tiene en su haber varias obras publicadas, colecciones de poesías como "Narrativas al azar" (1989) o "Los trabajos de Don Quijote" (2000) y también novelas como "La cautiva" (2006) o "Dot no cross" (2013).

La obra, en esta nueva edición, la primera  en castellano,traducida por Marian Ochoa de Eribe, es su primera novela (2003) y fue galardonada con el Premio Unión de Escritores de Rumanía. La novela se ha presentado junto a un interesante book trailer, donde podéis apreciar lo interesante de la trama.

El anterior libro publicado por la editorial, es "Desde el fondo de la historia". Recoge varios artículos publicados en las revistas culturales de arte Nueva Acrópolis y Esfinge, donde los hallazgos arqueológicos más importantes de la historia cobran vida hablando en primera persona, contándonos aspectos y anécdotas muy interesantes.





Una manera amena y dinámica de descubrir la historia, de la mano de su autora, Mª Angeles Fernández, profesora licenciada en Historia del Arte y Criminología.

Desde, "Un atardecer, unas gotas de lluvia y tu", os deseamos el mayor de los éxitos con estas dos nuevas publicaciones.

                                                                      Marisa Garrido






sábado, 26 de octubre de 2013

PASEANDO POR LAS LETRAS


PASEANDO POR LAS LETRAS


Hoy hace un año que mi libro "Paseando por las letras" fue presentado por primera vez. Recuerdo la ilusión y la emoción que sentí al ver a tanta gente acompañándome ese día en la Biblioteca Municipal de Móstoles, donde tuvo lugar el acto, un día como hoy a las 19.00 horas. Desde entonces no he dejado de sonreír.
Sonreír y trabajar en lo que más me gusta.
No he dejado de escribir ni de realizar muchos proyectos que me han surgido a lo largo de estos meses.Un paseo por cada día, todos especiales. Días en los que he tenido la ocasión de conocer a muchísima gente. Personas maravillosas que me aportan momentos y sensaciones inolvidables.


Quiero dar las gracias a la Editorial Crealite, por confiar en mi trabajo y apoyarme en este camino, a Javier Lillo, por creer desde el principio en mis letras, (el primero en animarme para que Paseando por las letras naciese) ayudarme en cada uno de mis proyectos y proponerme otros juntos, a María Barbancho, por ser mi amiga, por quererme tanto, y yo a ella, y por  tener tantos planes literarios juntas, A Silvia Art'disoni y a Vane Ortiz, por regalarme sus geniales ilustraciones para mis relatos, a Matilde Párraga, por descubrirme el maravilloso mundo de la moda y ser tan especial dentro de mis días, a Lydia Martín, por hacer que conozca lo excelente persona y gran profesional que es, a Isabel Escoz, por apoyar mis relatos fielmente cada semana y ser mi compi en la revista Bulevard, a Gabriel Avila y a toda la gente de Casa Chile, a la comisión "Puertas Tahullas" de Elche y todos los amigos que tengo allí y que quiero enormemente. 



A mucha más gente, que aunque no nombre, son igual de importantes en este camino que emprendí y que continuo con la misma ilusión y energía.



Gracias a todos mis amigos, en especial a Nuria. S. Salvador, sin su empuje no hubiese escrito mi primera novela y nada de esto habría sucedido, a Qays, mi agente de lectura, por ponerme en contacto con Crealite, a toda mi familia, por creer en mi y por su apoyo incondicional. A Miry Herranz(mi fiel lectora), a Ascen Montes(siempre ayudándome),a Begoña Cabornero, por redescubrir esa amistad de tantos años, a mi amiga Henar Navas, por estar siempre que la necesito, a mi hermana, Nuria Garrido, por soportar cada día mis charlas, a mi hermano, Pedro Garrido, por dar vida con sus ilustraciones a mis historias. Os quiero.
A mi padre, por sonreírme cada día, donde esté.
Y a toda la gente que camina a mi lado.

Gracias

Marisa Garrido





                                                               Trailer "Paseando por las letras"






martes, 22 de octubre de 2013

FRASCOS DE VIDA

Hasta hace unas semanas, se han venido publicado en el blog, puntualmente cada jueves, un capítulo de la novela Eva's de la A a la Z, de María Barbancho.  Pero la novela tiene que seguir su camino y con el deseo de que hayáis disfrutado de cada lectura y, agradeciendo a su autora, una magnífica persona, y  gran profesional, que nos haya regalado semanalmente un trocito de Eva`s y a Silvia Art'disoni por acompañar maravillosamente con sus ilustraciones cada uno de estos relatos, os dejo con uno de ellos, ya publicado en el blog,"Frascos de Vida".Un estremecedor y vital relato sobre el cáncer de mama, y que será incluido junto con los trabajos de otros artistas, en una campaña de lucha contra este enfermedad, llevada a cabo en Argentina por la Fundación FUCA. Os dejo con las palabras de agradecimiento de la autora y con este intenso relato.



¡Enhorabuena María! y desde "Un atardecer, unas gotas de lluvia y tu" te deseamos el mayor de los éxitos, en este y en todos los proyectos futuros.
                                                                                                      Marisa Garrido


"Es un honor para mí, que Gabriela Macri haya escogido el relato "Frascos de vida" de mi novela "Eva's de la A a la Z" para incluirlo junto a los trabajos de otros artistas, en una campaña de lucha contra el cáncer de mama que lleva a cabo en Argentina la Fundación FUCA. ¡Gracias, Gabriela por permitirme aportar mi granito de arena en esta noble y bella causa!"                                






  Frascos de Vida


Vanidad, el peor y más nocivo mal que afecta a la humanidad…
Sí. La vanidad, la arrogancia, la soberbia. Creernos inmunes, superiores, diferentes... ¡Qué ilusos somos! Sí, ilusos. Hombres y mujeres, todos en conjunto y también individualmente. Porque, nos guste o no, formamos parte de un infinito, heterogéneo y diversificado grupo humano. Y la realidad, la triste realidad, es que somos unidades egoístas. Nuestro mundo es único, exclusivo, unitario, propio…, gira en torno a ese micromundo que hemos creado para interpretar nuestro rol en el teatro de la vida hasta que cae el telón y acaba la obra, y no siempre, son aplausos los que acompañan esa despedida. O en su defecto, si los hay, son tan falsos, como los halagos, los cumplidos y las adulaciones con las que te obsequiaron entre bambalinas… Sólo aquellos que contigo sudaron los ensayos, los que no te abandonaron cuando el desánimo te acometía, los mismos que contigo padecieron entre tilas y charlas hasta la amanecida el insomnio del miedo escénico, esos mismos que contigo sufrieron los nervios del estreno diario de tu vida, exactamente  los mismos que te aplaudían cuando la memoria te la jugaba olvidándose del guión y sus sonrisas te animaban a que recurrieras a la improvisación… Sólo ésos nada más, serán los que te seguirán en tus éxitos y también en tus fracasos, en tus risas y en tus llantos… Los únicos que jamás se apartarán de tu lado. Sobre todo, cuando tu micromundo se desmorona en tan sólo medio segundo…
El lapso preciso, para que todo mi alrededor quedase suspendido en el tiempo: estancia, mobiliario, ubicación… Todo, absolutamente todo, se paralizó, se congeló, se momificó, exactamente igual que todo mi ser… No podía ser cierto. Simplemente, tenía que haber un error. Eso, no podía sucederme a mí. No, a mí, no… Pero las palabras de la doctora no dejaban lugar para la duda. En aquellos instantes de confusión, recuerdo una mano sobre mi hombro apretándolo afectuosamente. Era la enfermera inyectándome una dosis de ánimo. Pero nada en el mundo, ni en el gran mundo, ni en mi micromundo, poseía el específico que más necesitaba, la pócima de la fe… Ni siquiera, cuando la doctora, mostrándome la mejor de sus sonrisas y con el tono más animoso de su voz, me dijo:
       —No te desmoralices,¿de acuerdo? Afortunadamente, hoy día, esto se cura…
Naturalmente, no la creí… No podía creerla. No tenía fuerzas para creerla. Y todo cuanto hice, fue levantarme y salir de la consulta. Recuerdo oír en la lejanía, las voces de la enfermera y de la doctora preguntándome qué hacía y a dónde iba. No lo sabía ni yo… ¿Qué podía decirles?
Caminé, caminé y caminé durante horas. He olvidado las calles que recorrí, los parques en los que me senté, los rostros de la gente con la que me crucé… Mi horizonte más lejano se hallaba en el posterior paso que daba, en el siguiente adoquín que pisaba. Mi futuro se acababa de limitar al instante más inmediato de mi vida, al microsegundo de cada inspiración, a la milésima de los intervalos del latido de mi corazón… Ahí, en ese santiamén, empezaba y finalizaba mi existencia.
Aún así, continué cometiendo errores… La soberbia se hizo fuerte en mí como la más firme e inexpugnable muralla de defensa, y callé como mi gran secreto, lo que desde el principio debí compartir. Me sumí en la más absoluta postración. Nada ni nadie me motivaba. Mí día a día, consistía en un monótono paseo del sofá a la cama y de la cama al sofá, y en ese invariable vagar, largos descansos frente al ventanal de mi dormitorio, contemplando el cielo, las estrellas, las nubes, la luna, el sol… Dejando que el día diera paso a la noche y que la noche de nuevo, abriera sus puertas a la luz del día… No recuerdo cuanto tiempo estuve así, aislada del mundo y de mi micromundo, vegetando más que viviendo en unmicromicromundo creado por mí para mí, y donde no había lugar para nadie más, tampoco, para mi esposo y mi hija… Los alejé de mí, los aislé de mi terrible secreto, de ese mal que me aquejaba, de esa enfermedad a la que yo siempre le tuve tanto miedo. ¿Semanas…? ¿Meses…? También lo olvidé. Y así quiero que continúe, enterrado en lo más hondo de mi olvido…
Todo cuanto recuerdo, es a mi hija entrando en mi dormitorio con unos frascos de cristal y sentarse junto a mí para mostrarme los bonitos dibujos que los decoraban.
      —¿Te gustan? —me preguntó—. Los he pintado yo…
      —Son preciosos—respondí.
      —Es que este año, mi clase participa en un mercadillo benéfico, donde se venderán estos frascos para ayudar a los niños con cáncer. Mi “seño”  los ha llamado: Frascos de vida.
Aquella revelación de mi hija, fue como si en mi interior, un interruptor que había permanecido en OFF, de repente, se accionará en ON. Entendí, que la vida era mucho más que las cuatro paredes de mi dormitorio, la cama, el sofá y el ventanal… Que había dejado pasar demasiadas noches y demasiados días. Que no había disfrutado del resplandor del sol ni tampoco de la contemplación de la luna. Simplemente, me había rendido. Si. Me negué a luchar, rechacé enfrentarme a la realidad, rehusé plantarle cara a esta maldita enfermedad. Olvidé que mi vida era infinitamente mucho más: mi esposo, mi hija, mis padres, mi familia, mis amigos…, la luz, la oscuridad, la lluvia y el viento, los mares, las montañas y el mismísimo cielo. Mi vida era vivir y me había estado dejando morir.
¡Qué lección de entereza me dio mi hija!
Egoístamente, lo había concretado todo en el epicentro de mi dolor, ignorando, o mejor, omitiendo, que existía más dolor en el gran mundo, que el dolor no era de mi exclusividad, y que otros, supuestamente más débiles, son mucho más fuertes.
Salí de mi dormitorio, abandoné el exilio del silencio, afronté con valentía la batalla más dura de todas cuantas había librado y desde ese día, cada mañana, cuando en la puerta del colegio despido a mi hija, regreso a casa caminando, disfrutando del olor de la mañana, del saludo del vecino, del ratito charlando con las amigas, del “Buenos días”  del barrendero, del ruido del motor del coche frente al semáforo, de los perros paseando junto a sus amos, del niño que llora en brazos de su madre, del abuelo que dormita sentado en el banco del parque…
Y después, frente al ventanal, escuchando el gemido susurrante de las esquinas de mi habitación, pinto un frasco de cristal, un Frasco de Vida. Es mi mejor terapia… Cada frasco, representa un día más de mi vida, un paso adelante, una batalla más ganada, otra medalla que me cuelgo en esta particular guerra mía. Cada día cumplo años y esos frascos son mi regalo…
Se me ha caído el pelo, ni cejas tengo… Mi cuerpo tampoco es el mismo, ya no está“completo”. Y en las miradas de mi esposo y de mi hija, y también en las de mis padres y mis amigos, pese a que ya brilla la esperanza, sigo leyendo miedo. Miedo porque el mal no se ha ido del todo, miedo de que la enfermedad regrese de nuevo. Miedo de que me flaqueen las fuerzas, miedo por si me falla la confianza, miedo de que me venza el desespero. Sonríen, pero temen. Y es lógico que tengan miedo.
Pero yo he hecho una promesa, a mí y a ellos…
Prometí levantarme todos los días.
Prometí alzar la vista y sonreírle al cielo.
Prometí que nunca más me derrumbaría.
Prometí que cada día, pintaría un Frasco de Vida. 

*Texto protegido por la Ley de la Propiedad Intelectual. 
*Ilustración: Silvia Ardisoni



lunes, 14 de octubre de 2013

LA HOGUERA DEL ODIO


La Hoguera del Odio (éride ediciones) es una novela  de género histórico,que nos traslada con un realismo espectacular a la oscura época del nazismo. Su autora, María Barbancho, nos invita a conocer esta terrible parte de nuestra historia de una manera detallada y directa. 


LA HOGUERA DEL ODIO





La historia comienza en Israel en 1985 y continúa en Alemania en 1933. Con una gran maestría, manejando escenarios y personajes. María nos hace partícipes de las vejaciones,el dolor y la barbarie que se cometió contra la raza judía y el fanatismo del gobierno y de su líder Adolf Hitler. 

Entremedias de ese horror, nos encontramos con la historia de amor de sus protagonistas, Moria Fresser y Christian von Fisher. Un amor que persiste, aún con la oposición de sus familias, de la sociedad y el gobierno existente.

Es una novela en la que hay que destacar el enorme trabajo de documentación que la autora ha llevado a cabo, el tiempo empleado en su escritura y el esfuerzo hasta ver terminada esta magnífica obra. Resaltar también, su dominio en las descripciones de los lugares y personajes. Y de estos últimos, numerosos en la novela, el manejo que hace de ellos. Todos cobran importancia, todos tienen una historia que contar, una voz limpia y clara, y, aunque desaparezcan entre las páginas de la novela, para dar paso a otros, se quedan en el corazón del lector.

"...No soy poeta y escribir no es una de mis virtudes. Pero necesito que sepas cuanto te amo. Mi vida cambió en el mismo instante que te cruzaste en mi camino. Ocupas mi pensamiento las veinticuatro horas del día; con tu bella imagen me despierto y con ella cierro los ojos cada noche al acostarme.."

Fragmento de "La Hoguera del Odio"


Un dura historia endulzada con el amor de sus protagonistas. Unas páginas que nos llevarán desde el odio hasta la sonrisa, pasando por la impotencia, el rencor, el amor... Una novela, que sin duda, debe ocupar un lugar muy importante en nuestras estanterías.

 



La novela fue presentada con gran éxito el pasado 28 de septiembre, en la taberna ilustrada "La Livrería",de Madrid.
 El acto, que fue presentado por Javier Lillo, escritor, criminólogo y experto en comunicación y por mi, con el consiguiente honor que me supuso el hacerlo, contó con la presencia de numerosos amigos
y fieles lectores que esperaban las palabras de María.



Y para continuar con este éxito, la novela será presentada el día 31 de octubre a las 19.00 horas,  en la Librería Alibrí, de Barcelona, a la que estáis todos invitados.
Desde "Un atardecer, unas gotas de lluvia y tu", te deseamos el mayo de los éxitos y te damos nuestra más sinceras felicitaciones por esta gran obra.





Podéis seguir a la autora en: 
http://www.facebook.com/maria.barbancho, ó en la página de facebook "La Hoguera del Odio"



Marisa Garrido

sábado, 5 de octubre de 2013

Eva´s de la A a la Z

MARIA BARBANCHO





Por tus palabras te conocerán y por tus silencios te admirarán









EVA´S







Tiemblo yo… Tiemblas tú


Nuestro último fin de semana de estas vacaciones navideñas. El lunes regresaremos a nuestra rutina. A los libros, a los deberes, a los exámenes. A vernos sólo en el instituto, entre clase y clase. A fingir que somos sólo amigos y que la pandilla se crea eso de que te gusta la rubia de tercero. Ella te hace ojitos, es cierto. Pero tú sólo miras los míos. Como yo miro los tuyos, aún sabiendo, que cada vez que lo hago me derrito. En cambio, ellos están ciegos. No ven lo que tú y yo sentimos. Un amor como no habrá ningún otro, ni en tu vida ni en la mía. Un amor que no borrará otro amor, ni el tiempo, ni la distancia, ni tampoco el olvido. Porque el primer amor no se olvida. Es el maestro de los primeros besos, de las primeras caricias. El único que escribe notas que se cuelan bajo las puertas y dibuja corazones en cada esquina. El amor de las mariposas en el estómago. El amor de la piel de gallina. El amor que creemos eterno, y aunque eterno, no dura toda la vida. Dura un respiro, un momento, un instante. Como la juventud, es efímero, frágil e inexperto. Por eso, tal vez, es de vida tan breve. Quizás, por esa razón, dura tan poco, y perece con el mismo ímpetu con el que florece.


Silvia Art'disoni



Mis padres no están. Sólo estamos tú y yo. Es nuestro último fin de semana de vacaciones y nuestra primera vez. Esa primera vez de la que tanto presumen algunos de nuestros amigos. Esa primera vez, que yo deseo, sea contigo. Y no importa si las próximas vacaciones ya no son mis ojos los únicos que miras. Lo  que importa, es que los miras ahora.
Y en mis ojos puedes ver como tiemblo.
Y en tus ojos, puedo ver como tiemblas.
Tiemblo yo…
Y tiemblas tú.
Gestos torpes.
Risas nerviosas.
Tu cuerpo y el mío, desnudos en mi cama.
El primer amor.
Nuestro primer amor.
Nuestra primera vez.
Tiemblas tú.
Tiemblo yo.

Nuestro último fin de semana de vacaciones.

Autora: Maria Barbancho
Ilustraciones: Silvia Art'disoni
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